martes, 22 de mayo de 2012

Insulsa arpía.

Deambula por mi mente,
hace escasos días,
una sensación inerte,
una vaga idea,
que se adhiere…
que me despierta y que me duerme,
que me crea y me desmiente…
que ahoga mis penas y me va creando nuevas…

Y es ella,
insulsa arpía…
la que me da y luego me quita,
la que me suma y después me resta,
primero la cal,
más tarde la arena,
la que me pinta y colorea,
y que luego me borra con suma delicadeza…
cuadros abstractos,
llenando mis cabales,
lienzos blancos pintados de negro…
rabia contenida,
sosiego lleno de ira.

Delimitada en tiempo y espacio, absorbida por unas horas elásticas, estáticas.
El tic tac me resta poco a poco los segundos que ocupo en nada.
Nada vacía de llamas y llena de circunstancias, que me obstruye la garganta mientras voy secando lágrimas.
Obcecada en mis ideas, retenida entre cuatro paredes que no dicen nada, solitaria.
No sé que me pasa.
Estímulos adormecidos, iniciados con el pie izquierdo que no provocan una reacción en cadena en ese devenir de las horas.

Las gotas repican contra las ventanas agrietadas, la uralita sonora y acompasada en un baile que no es de nadie.
Amanece y la luz va entrando tímidamente, en la escalera ya hay vida, se crea el ruido inevitable de quienes tienen prisa y el dolor del pecho me impide respirar con normalidad.
Me desvela el frío, las ganas de un café caliente y un áspero cigarro pasando por mi garganta.
Pie izquierdo.
Primer paso.
Zapatillas en las manos y los pies descalzos.

¿Que hora es?
Nunca me levanté tan pronto.
Para no hacer...

Es dinámica,
es pulsátil,
una nada con la que se dice todo.
Maldito detonador de emociones,
este,
que me lleva al limite,
que obceca mis “decires“,
que disiente mis detalles,
anulando mis pensares,
dando vida a los pesares,
acrecentando sin mesura,
la de vueltas que soy capaz de dar,
a la misma cosa,
a una sola cosa,
convirtiéndola en millar.

La idea disentida,
del querer controvertido,
me hace capaz de anhelar lo que ya tengo,
obligándome a perderlo.
A veces me doy rabia.
Otras me doy miedo.
Estoy conociendo el tedio,
aberración hacia una misma,
por no llegar a entenderme y dejar de quererme.

Un mal día lo tiene cualquiera,
lo sé,
lo difícil es encontrar el equilibro…
y no tachar del calendario,
más días de los debidos.

lunes, 30 de abril de 2012

Ansiosa

Me deslizo sigilosamente entre tus piernas,
silencios destinados a callarte la boca,
mientras respiras acelerada contagiándome tu ansiedad.

Esa ansiedad mediática,
que tolera la vergüenza al miedo escénico,
mientras te hace sentir insignificante,
ante unos ojos que solo son capaces,
de concentrarse en una sola cosa,
ignorando todo lo demás.

Entrar en ti,
en ese espacio húmedo que regalas,
mientras los dedos se van arrugando,
debido al charco en el que resbalas,
sea la hora que sea,
siempre idónea,
siempre dispuesta,
quedarme en ti,
no salir,
hasta que dejes de temblar
y empieces a respirar.

Pero ni en frío puedo olvidar,
como la humedad iba resbalando por tus piernas,
ni como me abrazas con ellas,
como lo hacen las serpientes con sus presas…
mientras habitamos los espacios,
el roce se hace intenso,
el calor nos invade y los fluidos se expanden.

Mientras pareces decirme:
no te muevas de aquí o me matas y si te mueves,
soy yo la que te mato.

martes, 3 de abril de 2012

Regreso.

Esperé a que se hiciese de noche, agazapada como una gata entre los coches, mientras caía la oscuridad.
Esperé el momento, mientras mordía con alevosía mis uñas.
Estaba escrito que algún día encontraría la recompensa al trabajo bien hecho.
El esfuerzo se mide con la satisfacción.
Provoca a tu intelecto y te sorprenderás.
Provoca a tus miedos y no huyas… quédate un rato más, a esperar a ver que pasa.
Vale la pena.
Aún hoy, sigo inflada como un globo, a punto de volar.
Enredada de nuevo.
Nos vamos leyendo.

lunes, 20 de febrero de 2012

Que cuando...

Y es que no puedo ser más yo,
que cuando estoy contigo…
que cuando me miras y me dejas,
que cuando me levantas y me balanceas…
no puedo ser más mía, más simple,
más terca…
que cuando me besas y deletreas,
en silencio palabras necias…
con esa cara dulce,
con esa sucia lengua…

Y es que no puedo ser más yo,
que cuando me escuchas,
que cuando me entiendes,
que cuando callas y asientes,
no puedo ser más egoísta, más egocéntrica,
más narcisista…
que cuando pienso en alto y te miento a medias…
con esta cara que sonríe a tientas,
con esta viperina lengua…
que te besa sin delicadeza.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Devuélveme la piel.

Devuélveme la piel,
aquella piel simple,
que me robaste…
quedándome desnuda…
para sentirme tan fría,
desprotegida…

Devuélveme aquella piel que me vestía,
que adornaba mis curvas,
que olía a aquello que tu decías,
que robaba a tus labios,
mil y una caricias…

Devuélveme la piel,
aquella que celosa se erguía,
caprichosa,
engreída…

Devuélveme esa piel,
que por posesión es mía,
que nunca entregué a nadie,
y que solo tú,
te atreviste a quitarme.

lunes, 30 de enero de 2012

Aire

La encrucijada que me ocupa los días, no es otra sino esta.
Dejarse llevar o dejarse ir.
Hay quién se deja llevar por la corriente, por el viento cuando sopla fuerte, por la marea de gente…
Hay quien se dejar ir, sin darse cuenta, poco a poco, despacio… y se deja arrastrar hacia ningún lugar, lugar en el cual, uno no encuentra el sitio, su sitio, no lo hace suyo y todos necesitamos apropiarnos de algo, de un metro cuadrado que nos pertenezca, donde nadie nos pise, donde nadie se meta…
El no sé, no aclara, no soluciona, no despeja, desestabiliza, tambalea sobre una cuerda que no tensada anda demasiado floja…
La vida es si y es no.
El puede, solo dura un tiempo…
Un no sé, involuntariamente declina una negación.
Te mantiene en una ignorancia que pide tu atención y te da respuestas a esas preguntas que parecen no tener solución.
Así que como yo no quiero buscar respuestas a todas mis preguntas, porque son muchas, creo que lo mejor será afirmarme en mis propias negativas…
Porque normalmente lo que te viene de primeras, es lo más coherente.
Y nunca he sido cobarde, solo tenia que juzgarme para intentar ser más valiente.
Porque en ese dejarme llevar hacia ningún lugar solo encontraba un arrastre hacia ningún sitio.
Y ya no insisto en algo que no funciona solo.
A mi edad, ya no.
Y le pediremos a no se quién…. la paciencia, que a mi ya no me queda.
Para que me haga seguir por donde solo ella quiera.

lunes, 9 de enero de 2012

Suave

Y en silencio,
tu cuerpo me habla,
del fino tacto que acaricias,
del calor endemoniado que consumes,
de la maldita dulzura que regalas,
de la niñez que te robaron,
de la madurez que por fin has encontrado.

Y te busco a tientas en la cama,
por no recordar si te quedaste a mi lado,
y te busco desesperada,
bajo el nórdico, bajo las sábanas, bajo la cama.
Hasta que escucho tu respiración,
hasta que encuentro tu sonrisa,
hasta el buenos días corazón…
no soy yo.
No se quién soy.

E intento respirar tu intimidad,
una vez más,
ese olor tan tuyo,
que sabe tan bien,
ese olor que impregna la ropa,
el aire,
que empapa la piel,
que cala los huesos,
que me vuelve adicta…
sin querer.

Mientras me regalas un vaivén,
que viene y que va,
una danza que bailas suave,
mientras me pisas sin dañarme.

Y entro en ti sin hacer daño.
Sin ruido.
Despacio.

Intento inhabilitar ese espacio,
que tú y yo hemos creado,
queriendo ser la dueña,
de pequeños momentos,
de pequeños instantes,
para luego devolverte,
toda esa avaricia…
que creo haberte robado,
y que no es mía.

Llámame como quieras,
tú puedes hacerlo,
por ti…
me dejo…
por ti…
quiero…
porque…
hay miradas y MIRADAS,
y la tuya habla tanto…
que deberías aprender a estar callada.

martes, 27 de diciembre de 2011

423

Es difícil empezar este escrito, porque ni yo misma sé lo que quiero decir.
Esa es la verdad, no sé muy bien que hago aquí, solo que un impulso me ha traído a este lugar, con gran fuerza, como un vendaval… no sé lo que voy a hacer mañana, ni tan siquiera sé lo que he hecho hoy… y por supuesto ya olvidé lo que hice ayer.
Me tomé una o dos cañas, o tres o cuatro, ya no recuerdo… pero no voy borracha, ni voy en el metro, ni he hablado con nadie de esto, quizá solo es falta de sueño. De un desgaste o de un cúmulo de sentimientos no exteriorizados que se convierten en un agotamiento incesante.
Voy teniendo recuerdos de cosas que no he vivido, imágenes en las que no sale nadie y soledades que se pueblan de repente en una bonita pero triste habitación.
Llevo todo el día paseando por la ciudad, ciudad melancólica pero familiar.
Los adoquines de las calles van tropezando con mis pasos torpes, inseguros.
La luz de las farolas, tenues, apenas alumbran más de lo que lo hace la lámpara que ilumina esta mesa en la que escribo.
Y ese lado de la cama que está vacío, no es más que una cueva, cerrada a cal y canto, donde retumba el eco de tu respiración en un intento de hacerme el boca a boca para que no me falte el aire.
Para que no me ahogue ese silencio sepulcral de tu boca al que me obligas.
Para no sufrir un paro cardíaco… voy respirando.
Sigo respirando.
He tenido tiempo de observar a un millar de gente, un sinfín de arrumacos, dedos entrelazados, besos varios y conversaciones interesantes… y no he podido hacer nada más que anhelar algo que ya no tengo con la única satisfacción de saber, que aunque me faltas, aún te guardo dentro.
Suena triste, pero es que lo es…
Vivir a base de recuerdos, que se van perdiendo por momentos, que pasan al olvido con la misma rapidez que fueron vividos.
Y en mi cabeza hay algo que golpea, que me quita el sueño, pero que no me deja quieta y que va versionando mi reflejo aunque no quiera.
Y me maldigo a mi misma por estar diciendo todo esto.
Por dejarme llevar así.
Por perder los papeles de esta forma, incongruente, pero es que si no lo digo, reviento.
Lo siento.
Pero no te puedes imaginar lo mucho que te echo de menos.
Yo y esta maldita manía de garabatear todo lo que voy sintiendo, aún sabiendo que prometí no hacerlo y aún sabiendo que las cartas al cielo no llevan matasellos.
Mírame y no sientas lástima, al igual que yo observo a esta gente totalmente desconocida mientras me hacen sentir familiar una ciudad que no es la mía.
Y cada vez es más grande la certeza, de que olvidar es toda una proeza.
Y no me gusta jurar, pero casi te prometo que lo intento…
Y que en eso se queda.
En algo banal y circunstancial mientras yo me aseguro.
Me convenzo.
Y juro que no existe el olvido, aunque ya no estés aquí conmigo.
Y pongo todo mi esfuerzo, para que esa pena me haga sonreír aún sin ganas.
Y escribo, escribo sin parar, en un intento de acercarte a mi mientras yo misma me alejo.
No quiero que te importe, no quiero que te duela, no es un siempre todavía que espera su hora.
Y aún sabiendo que jamás leerás estas líneas, te sigo escribiendo y recordándote en familia.
Mientras tengo dos opciones.
La primera no me interesa.
La segunda no me convence.
Así que sigo en cero, nada tengo.
Y también tengo una idea, que sumada a la falta de salida que encuentro, se diluye como si nada… nadando en un pequeño charco de agua.
Y ahí intento mantenerme a flote, ensuciando mis zapatos nuevos.
Y hoy me pareció verte entre la gente, aún sabiendo que un nunca más es lo mismo que un jamás.
Y quise ser nombre en tu boca, esperanza rota, un simple recuerdo que descoloca, una fugaz mirada hacia la nada, un paseo atropellado, una sonrisa malvada, un silencio por fin hablado, un quiero volver a verte aún sabiendo que eres un imposible…
He querido ser tantas cosas sin sentido…
Que me he perdido por el camino.
¿Sabes?
En la tele acaban de decir que no creen que la situación mejore en mucho tiempo.
Yo, tampoco.

martes, 13 de diciembre de 2011

Nuevos planes, idénticas estrategias.

Como un borrador a lápiz, que poco a poco se va difuminando, la tinta corrida se va aplastando sobre las yemas y va ensuciando los demás papeles en blanco…
Esa es la comparación que te encuentro, en estos momentos que de nuevo hacen que escriba y que de nuevo me traen tu recuerdo.
Ese recuerdo que hablábamos y que no sabíamos muy bien el porque habíamos olvidado así sin más.
A veces pasamos página demasiado rápido.
Y es en ese preciso momento, en el que involuntariamente nos negamos cualquier tipo de satisfacción, quizá porque pensamos que no la volveremos a tener… cuando nos dejamos ir en vez de dejarnos llevar.
Hoy recuerdo y me vienen imágenes…
Y te veo, aunque en la más absoluta oscuridad, clara intimidad.
Vuelvo a sentir que sigo viva.
Y es que las horas contigo, las pasadas, han regenerado mis ganas.
Y quiero más, no me lo niego, los desperfectos los pulimos a besos.
Y sacamos punta al lápiz, que la brocha fina define mejor los trazos…
Y en el boceto que me planteo, voy dibujándote pausada…
Aún recuerdo tu espalda, tu movimiento, tu jadeo…
La respiración que sale de entre tus dientes, tu puerta entreabierta…
La lengua húmeda, tibia..
El labio inferior carnoso y el superior amenazante…
van mordiendo poco a poco lo que me queda de palabra, hasta dejarme muda a mi también…
Pero es que llevo días en los que solo oigo tu respiración y lo poco que dejas de la mía.
Y que le voy a hacer si en tu aliento encuentro la mayor de mis desgracias…
La debilidad.
Y es que he sido viento, espacio, aire que se evapora si lo tocan, soy ganas, sonrisa, un tiempo que dedican, una canción que gusta, una nana a destiempo que no duerme, un atajo que desvía, un sueño del que privan, un café que no despierta, una hora que no llega…
Puedo ser tantas y tantas cosas, con solo abrir la puerta.
A veces volver a lo mismo, no es sinónimo de recaer sino de reencontrarse.
La técnica es siempre la misma, solo cambiamos de persona.
Y volver atrás la vista y retroceder en el tiempo, nos hace quizá sentirnos más imponentes, a algo que no es capaz de causar el más mínimo miedo… pero que nos hace temblar.
Y quiero despertar tu intriga al igual que levantar tus pasiones.
Mientras que son tantas las cosas que ya no huelen a limpio que es difícil darle una exclusividad a algo que ya ha sido de muchas… igual que darle sentido a unas palabras que por la boca ya han salido, aunque los oídos que escuchen sean distintos…
Es tan fácil, como darse cuenta de esto y que no llegue a paralizarte.
Porque en ese recuerdo que pasea por mi mente, el tiempo no te ha cambiado, sigues igual que antes… y no debo ni buscar ni darte explicaciones a lo que tu ya sabes de antemano.
Es natural, sale todo así de bien. Es conciso. Por fin.
Tu sabes, yo sé y no nos importa.
Y des-importándonos estamos, como en una segunda adolescencia.
Como en una segunda y mejor parte.

martes, 1 de noviembre de 2011

Atea

Quisiera tener…
palabras facundas,
desenvolverme bien,
sentirme segura…
pero es que a veces,
inmunda…
no articulo frases,
con atisbos de cordura,
bisbiseos entre dientes,
como quien reza amilanado,
al no creer en ese algo…
impuesto
y desmesurado…

Y comedida,
vivo en el desdén,
disociando mis ideas
y tolerando mis creencias,
amilanada ante la madre de todas las sectas,
exacerbada,
mutada,
piel por hojalata…
mientras los latidos,
hacen eco,
y poco a poco se van perdiendo.

Y aplaudo el plagio,
lúcida,
elocuente…
riéndome de lo que dicen,
sabiéndome insulsa,
de lo que los curas recitan,
y yo con apego,
desprecio inculta.

miércoles, 26 de octubre de 2011

De sumas y restas

He ido sumando a tu cuerpo,
las caricias de mis dedos,
uñas cortas que afilé mordiendo,
he ido sumando al paso del tiempo,
la rutina,
el deseo,
nuestro ir creciendo.

He reciclado tu aroma,
envasándolo al vacío….
pequeñas dosis de aire,
bocanadas de alivio,
que destapo cuando siento que me asfixio,
cuando creo que no hay nada,
que me traiga de nuevo al olvido.

He ido sumando esa pereza,
de querer cambiar las cosas,
de no saber como hacerlo,
de no encontrar el amparo,
ni nada con lo que poder cambiarlo.

He ido sumando al ayer…
un antes,
un posible después,
para que me quede un todavía,
que sea difícil romper,
anclado a lo que fue nuestra vida,
que se va llenando de reproches,
de podrías…
de malditas dulzuras…

Mientras el hoy,
nos olvida,
el futuro,
no llega,
y este mientras tanto que parece que no cesa,
no avanza,
nos deja quietas,
nos sumó
y ahora…
parece que solo nos resta.

domingo, 23 de octubre de 2011

Frío

Tirita el cuerpo,
entumecido,
en esta noche fría…
que no entiende de abrigo.

Y mío es tu espacio,
mía es tu presencia,
mía es la sombra que desprende mi rareza.

Tirita el cuerpo,
sombrío…
bajo una manta…
que solo da frío.

martes, 11 de octubre de 2011

Asilo

Y en ese asilo obsoleto,
de artrosis mal doliente,
sus paredes silenciosas,
pronuncian nanas mientras duermen,
a esos oídos que escuchan,
cada noche el mismo cuento…
y cada noche,
les parece nuevo.

Cuerpos enardecidos,
oídos sordos,
memorias olvidadas,
almas casi disecadas,
arrugadas.

La catastrófica soledad,
que arrasa todo a su paso,
haciendo del abuelo,
un recuerdo olvidado.

Mecedoras incansables,
que hacen del vaivén,
un columpio de emociones,
un va y viene de ilusiones,
mientras ellos estáticos,
apenas…
no se mueven.

Y los cuerpos irrisorios,
que poco a poco se van arrugando,
encogidos por el frío y el hastío continuo,
tedio infinito,
de aquel que quiso con locura...
y que ahora ya, no se siente querido.

Ventanas que dan al patio,
al jardín de la alegría,
y que a través de ellas,
solo se observa melancolía.

Se recuerda todo lo que se fue,
todo lo que se es…
y todo lo que ya,
no se podrá ser.

Mientras las batallas se suceden,
en la memoria histórica de algunos,
que viven el presente,
anclados a su pasado,
y sin poder avanzar a ningún futuro.

Y es así,
triste y desolador cuando acontece,
no hay tiempo,
no hay espacio,
ni nada que pueda pesarlo,
no hay baremo,
no hay esquemas,
nada que pueda medir la espera.

Llega la primavera,
y con ella pasa el verano,
caen las hojas del otoño
y bajo la manta les resta el invierno.

Estaciones del olvido,
que pasan veloces,
rápidas e incansables,
ante sus ojos dormidos,
mientras tiemblan de enfermedad,
y desde hace tiempo,
su memoria,
poco a poco...
los olvida.

martes, 27 de septiembre de 2011

No me canso

Es cierto que nunca me canso,
de tocar con mis manos tu sexo,
hasta empaparme,
sintiendo el liquido viscoso entre los dedos,
mientras respiro ese olor,
que desprendes a impunidad y pecado,
entre las cuatro paredes del cuarto.

No,
no me canso,
de golpear mi cuerpo contra el tuyo,
en actos casi violentos,
mientras que nunca dejan de ser tiernos,
tu lo sabes…

No me canso,
de tener tu clítoris a un palmo,
embadurnado,
vestido de fiesta,
nacido para matarme a espasmos.

Lleno de tantos detalles olvidados,
de agasajos hibernados,
de cuidados reclamados…
No me canso…

De hacértelo en la cama, contra la pared, en el baño…
De meterte mano en la cocina, en el sofá, en la piscina…
De acurrucarme a ti y quedarme dormida…
No me canso…  

No me canso,
de deslizar mi lengua por tu espalda,
de erizarte todo a su paso,
de morder con cuidado tus hombros,
pequeños bocados de piel,
conteniéndome para no arrancártela de cuajo.

No me canso,
de tumbarme sobre tu espalda,
de acorralarte,
de saber que no te escapas.
De agarrar tus manos,
como esposas que atan,
de verte sumisa,
de observarte tan solo un lado,
cuando muerdes y besas las sabanas.

No me canso,
de tus gemidos incautos,
de notar que se te escapan,
de sentir que me los trago,
de no poder hablar,
de tan solo poder gritar.

No me canso,
de la vergüenza,
esa que es pasajera,
que a veces nos saluda,
que siempre nos colorea.

No me canso,
de que quieras ser la única y primera,
en acercarte y ver,
como yo misma me lo hago,
mientras que saco fuera,
la zorra que llevo interna.

No me canso,
de esta pasión,
que a veces se esconde,
miedosa de si misma,
y que sale hoy,
sin miedo a que tu te escondas.

No me canso,
de estos espacios vacíos,
de estos cuerpos solitarios,
que van flotando siempre por nuestro aire.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Invierno

Se acerca el invierno, me vigila desde hace días.
Guarda en sus cajones la ropa sombría y el vaho en mi boca empaña el cristal por el que miro.
Un café, caliente.
Y un cigarro que consumo entre dientes, mientras juego a dibujar formas en el aire, aire que bien podría cortarse con un cuchillo.
En la calle el afilador, me saluda con la mano, mientras hace sonar su lija al son de una campana que avisa de que trabaja.
Suena metálico, con su moto de hojalata mientras nadie le hace caso.
Suena el teléfono, me avisa de que más allá de estas cuatro paredes, también hay vida.
Lo dejo sonar, perdí las ganas de hablar, es este un momento único, irrepetible…
De estar a gusto como nunca, o como siempre… no sé.
Me despisto sin parar, bucle de emociones que no encuentran final…
Anochece y solo una triste bombilla desvela mi casa.
Y no puedo dejar de pensar en ti…
Hace frío, mis pies buscan las zapatillas que perdí en algún sitio, rescato la manta de mama, esa que tardo años en hilvanar, la misma que siempre me tapa, que me protege, un escudo de lana, que no forja lanza, mientras me acurruco y me enredo, como si nada malo pudiese traspasarla.
Intentando olvidar lo que no me hace bien,
aunque a veces lograrlo, me parece imposible.
Intento encontrar un punto de equilibrio,
entre mi bien y mi mal,
entre tu y yo,
pero me resulta difícil, cuando se que no estás.
Y estos diablos internos,
que ven la luz ante tan magna oscuridad,
son el resultado de aprender del pasado,
aún no queriendo ver lo que a veces está tan claro.
Por saberme ignorante de la maldad de los demás y no llegar a conocer nunca la mía.
En el silencio de mi casa, en la soledad de esta pobre alma,
que inquieta intenta buscar algo que le dé calma.
Sentada aquí, en esta silla de cuatro patas, de espaldas a un abismo, abstraída, ausente, dejando que mi propia melancolía me ciegue y me absuelva de mi propio juicio.
Con la mirada dirigida a unos pies que me he aprendido de memoria y con los dedos en unas teclas que van solas.
Ganas de acostarme.